BIENVENIDO NAVEGANTE A ESTE LUGAR PERDIDO DE MI GALAXIA
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viernes, 24 de febrero de 2017

La Cueva






Desde mi llegada a las islas, el calor abrasador me había sumido en un estado de semi-inconciencia tal, que pasaba todo él día aletargada en un sillón,  sintiendo que la vida se me escapaba en cada gota de sudor que chorreaba por mi piel. Al final del día, en la nochecita,  nos inundaba un airecito fresco, entonces mi cuerpo revivía como el ave fénix y escapando de aquella prisión corría a la playa. Ahí me deshacía del resto de trapos que me ahogaban y me zambullía en el mar, dejándome llevar por una voluptuosa sensación de placer y frescor…Esa noche  como las anteriores,  pasé mucho rato meciéndome entre las olas y sin darme cuenta me alejé más de lo acostumbrado de la playa y de pronto me encontré frente a unos islotes  hasta ahora desconocidos para mí…Eran apenas un montón de rocas pero a la luz de la luna me parecieron extrañamente misteriosos, más aún cuando me acerqué y vi que emanaban una especie de vapor azulado. Llevada por la curiosidad decidí investigar un poco más el lugar y fue así que me encontré caminando con dificultad entre las rocas... La superficie lisa y mojada del islote y mis pies desnudos me dificultaban el andar, más aún cuando a ratos  me encontraba con algunas puntas filosas que amenazaban con cortarme la piel.   Pero, aún así continué mi investigación y no sin dificultad llegué hasta la entrada de una especie de cueva… Me asustaba un poco la idea de adentrarme en aquel lugar y ya estaba por volver sobre mis pasos, cuando vi que por una pequeña abertura lateral salía más de ese humo azulado.. Qué sería todo esto?- Me pregunté a la vez que mis pies pisaban el umbral de la cueva. Entonces, una sensación rara me invadió, sentí como si todo el interior de la cueva palpitara como un ser vivo y el piso blandengue acentuó más la sensación de estar dentro de algo o alguien desconocido…Asustada quise salir de allí, pero con asombro vi que la abertura de la cueva se cerraba abruptamente y me dejaba en la total oscuridad…Sin saber que hacer y temblando de miedo fui tanteando las paredes;  instintivamente buscaba otra salida, pero mis dedos se  hundían en algo viscoso y pegajoso y casi no avanzaba…. De pronto un fuerte olor acre y nauseabundo me golpeó y perdí la conciencia...No se cuánto tiempo  estuve así pero cuando desperté me encontré tirada entre las rocas bañada en una especie de líquido viscoso y no había ni rastros de la dichosa cueva ni de aquella especie de colina que la sustentaba…Aún temblando de miedo, me arrastré como pude hacia el mar…..En los días que siguieron presté mucha atención a los lugareños a ver si escuchaba algo sobre la dichosa cueva, pero nada llegó a mis oídos… Así pues, llena de dudas y curiosidad,  regresé a mi ciudad y me inserté en mi vida cotidiana sin pena ni gloria…. Pero a veces, cuando la luna está en su apogeo,  extrañamente sueño con aquella cueva y veo como aquel inmenso ser y la cueva entera son devorados por mí...

Ilustración: Pinterest

sábado, 5 de abril de 2014

El cocinero....




En la casa de la abuelita había un cocinero…Se llamaba Santos y de joven había pertenecido a la Marina...Era un tipo enorme y lleno de historias fascinantes. Historias que le gustaba contarnos mientras aderezaba sus potajes...Así entre guiso y guiso, nosotros viajábamos con él por interminables mares de corales,  visitábamos islas paradisiacas de hermosisimas mujeres o lejanos países de hielos eternos y extraños personajes…Una mañana Santos no vino a cocinar ni a contarnos historias...Todos en casa se preocuparon por él  y empezaron a buscarlo por todas partes… Recorrieron las playas, los arrecifes, el mercado y preguntaron en todos los bazares conocidos y hasta en las casas de los amigos…Pero nada…Santos se había hecho humo y nadie había vuelto a verlo desde la tarde anterior, en que según algunos vecinos, lo vieron discutir con un tipo diminuto y de acento extranjero...Los días pasaron y vino una mujer gorda y malhumorada a reemplazar a Santos y lo primero que hizo fue espantarnos de la cocina; a lo que nosotros accedimos de muy mala gana y dispuestos a hacerle la vida imposible…Así a veces ella encontraba un pequeño ratón en su sopa o algunas moscas en sus salsas. lo que ella atribuía a la falta de higiene del lugar y nosotros reíamos a sus espaldas. Pero en el fondo de nuestros corazones extrañábamos a Santos. Así fué que una noche nos reunimos secretamente en la playa  y decidimos salir a buscar a nuestro amigo. Para eso tomamos prestado el pequeño velero del tío Clemente, que total ya casi no lo usaba y no notaría su falta; pero la ausencia que sí notarían en la mañana sería la de nosotros. Pero bueno, estábamos dispuestos a correr el riesgo y aceptar el castigo que viniera. Así que sin pensarlo más nos hicimos a la mar y navegamos toda la noche sorteando todos los peligros y llevando a buen puerto el velero, a pesar del mar encrespadísimo..Así con los primeros rayos de sol llegamos a la pequeña isla, frente a nuestras playas, en la cual pensamos que debía estar Santos; ya que él, nos había contado mil historias sobre este lugar; antigua cárcel de los más fieros criminales y ahora refugio de parias y desaparecidos. Asi fue que muertos de miedo recorrimos gran parte del islote, pero solo encontramos desolación y viejos vestigios de la antigua prisión pero ni un alma viviente, sólo los enormes pájaros marinos que rondaban a cada rato sobre nuestras cabezas como amenazándonos por haber invadido su territorio...Cansados y hambrientos, nos dispusimos a compartir los pocos víveres que habíamos traído, para luego descansar un  poco y emprender el regreso a casa..Pero estábamos tan agotados que cuando volvimos a  abrir los ojos ya era otra vez la noche y ya la luna brillaba de nuevo, silenciosa en medio de la oscuridad...A pesar de estar aterrorizados decidimos mantener la calma y organizarnos para pasar esa noche lo mejor posible..Primero debíamos buscar algunos maderos para calentarnos un poco, así que lo echamos a la suerte y los primos Manuel y Rosita fueron por la madera, mientras Lucas y yo buscábamos un lugar seguro para dormir…Así  mi primo y yo fuimos dando vueltas, alumbrados sólo por una débil linterna y haciendo malabares para no resbalar en las piedras mojadas, cuando por azar topamos con la entrada a una cueva…Un rato después juntos de nuevo los cuatro, nos dispusimos a explorar la misteriosa cueva...Dentro la oscuridad era casi total, así que con gran esfuerzo y poca luz logramos recorrer una especie de túnel, que para sorpresa de nosotros  terminaba en un amplio e iluminado recinto...Pero más sorpresa fue aún descubrir a Santos sirviendo sopa de un enorme caldero a unos hombrecitos diminutos…Decidimos esperar a que todos se durmieran para acercarnos a él..,Luego de una interminable espera, vimos que todos los hombrecitos se eschaban cansados en sus hamacas. Entonces sigilosamente nos acercamos a Santos y le hablamos al oído..El sorprendidísimo nos llevó hasta la salida de la cueva... ¿Pero niños, qué están haciendo acá?.Nos dijo medio enfadado..Le explicamos que habíamos venido a buscarlo...Tú nos hablaste tanto de esta isla le dijimos...Entonces él nos confesó que esos enanos lo habían capturado hacía mucho tiempo, para que les sirviera de cocinero...Lo que pasa es que logré escapar y tuve la suerte de encontrar la casa de la abuela..Pero ya ven, otra vez me encontraron...Pero ven con nosotros, tenemos el velero del tío Clemente...No saben cuánto me gustaría irme con Uds. niños pero estos enanos tienen mi alma y seguro que esta vez la tiene muy bien escondida... ¿Cómo podría vivir sin mi alma? Terminó de decirnos el cocinero con lágrimas en los ojos...Así fue, como tristemente nos despedimos de nuestro amigo el cocinero y al amanecer nos hicimos a la mar, pensando que ya no lo veríamos más y pensando también en el terrible castigo que nos esperaba en casa..

ilustración : Will Rafuse