BIENVENIDO NAVEGANTE A ESTE LUGAR PERDIDO DE MI GALAXIA

jueves, 7 de agosto de 2014

Todos estamos conestados

Todo empezó a principios del siglo XXI cuando la gente se entusiasmó con aquellos aparatitos portátiles que siempre llevaban consigo y que les servía para todo; hablar con familiares y amigos, capturar momentos especiales, hacer sus pagos y compras, etc.. En resumen eran prácticos, divertidos y ademas a través de la pantalla todo se veía más cool…Así con el tiempo las personas ya no pudieron vivir sin ellos. Fue por esa época que los hombres detrás de la pantalla idearon una nueva estrategia y convencieron a todo el mundo que eran menos fastidioso llevar un implante en la frente, que cargar todo el tiempo con el susodicho aparatito.
Así fue como todos empezaron a llevar un chip en la frente desde que nacían hasta que morían. Es decir más o menos a los cuarenta años, cuando se activaba la opción de auto-destrucción y las personas pasaban a mejor vida, es decir morían... Como ven el promedio de vida empezó a ser de cuarenta años, salvo en el país donde vivía el gran protector y donde las élites se daban un poco más de tiempo. Contrariamente a los continentes del sur, donde la auto-destrucción se activaba antes.
Así, desde esas épocas  la tierra empezó a ser más tranquila: sin guerras, ni hambre, ni ninguna de las antiguas lacras que hasta entonces habían asolado a la humanidad,, Claro que en  este proceso la humanidad perdió algo valiosísimo: su alma…Entonces todos empezaron a ser entes sin alma que pensaban, comían y vivian de acuerdo a las indicaciones del gran protector, que velaba por los intereses de sus millones de adeptos. Solo en el lejano oriente había un gran contrincante, pero ese es ya otro cuento...
Bueno, las historia fue que cuando nació Anita, por algún extraño descuido no le pusieron el respectivo implante... Cuando sus padres la llevaron a casa y se dieron cuenta de la negligencia en que había incurrido el hospital, en lugar de correr a dicha institución para que corregiera su gran error, empezaron a ocultarle la frente con un gracioso gorrito, que luego con los años cambiaron por un pequeño flequillo... Cuando Anita creció se dio cuenta que era diferente a los otros, tenía pensamientos, sensaciones y deseos propios; lo que la hizo aislarse de las demás personas y su único refugio fue entonces la lectura. Pero todos los textos que llegaban a ella eran aburridas y preparadas lecturas que contaban con la aprobación de la censura…Aunque alguna vez había escuchado que en tiempos lejanos, la sabiduría de la humanidad se guardaba en grandes bibliotecas y museos. Pero ya nadie se acordaba dónde estaban dichos lugares, ni que significaba la sabiduría..
Un día Anita caminaba casualmente por una callecita desierta cuando se encontró con Pedrito, un muchachito moreno y flacucho que llevaba una gorra que le tapaba toda la frente. Detalle que llamó mucho la atención de la jovencita, quien le preguntó por el sombrero, a lo que este contestó con muchas evasivas, y cuando más insistente se ponía ella, él se cerraba más en su silencio. Anita cansada de esa guerra de nervios y en un arranque de cólera levantó su flequillo y le mostró al chico su frente desnuda de implantes. El muchacho dió un grito de asombro y tomándola por la mano la llevó a través de calles y lugares casi perdidos de la ciudad, hasta un edificio viejo y abandonado. Allí buscó la entrada, bien disimulada entre una pila de viejos y retorcidos fierros.
Cuando Anita entró su corazón dió un vuelco y sus ojos se asombraron ante el espectáculo tan inusual que se les ofrecía; una verdaderfa ciudadela subterránea donde cientos de personas caminaban, hablaban y trabajaban con la frente descubierta y sin el bendito chip y lo más increíble era que todos tenían una expresión distinta en sus rostros; como si tuvieran alma.
Pedrito la miró y le dijo, en lugares como éste, porque hay otros en el mundo, comenzará la gran revolución contra la tiranía la de gran protector…

ilustración: H.R.Giger

martes, 15 de julio de 2014

El vecino de al lado




 De muy jovencita su sueño dorado había sido, retirarse algún día a una vieja buhardilla en Paris y dedicarse de lleno a la pintura...Pero claro, habían sido sueños románticos de niña. Pero cuando años después, le ofrecieron aquella misión, sintió que  realizaba un poco su sueño…Así fue como tiempo después, se vio instalada en aquel diminuto departamentito de un añejo y destartalado edificio de la Rue Saint Maur; pasando sus días entre pinceles y colores mientras vigilaba al hombrecito de al lado. Su misión era simple y sin complicaciones: anotar sus idas y venidas, tratar de escuchar sus conversaciones, seguirlo por las mañanas y pasar diariamente los informes respectivos…Como ven, era una tarea casi rutinaria y sin mayores riesgos, que le dejaba algo de tiempo libre para su verdadera pasión; la pintura…
 Fue así como una de esas noches, regresando de entregar sus informes,  se vio subiendo las escaleras hacia su cuarto, algo cansada y solo con ganas de echarse a dormir. Se sirvió un café bien caliente y se desplomó en el sofá-cama, sintiendo que el frío ya empezaba a calarle los huesos. El invierno se avecinaba y aquel pequeño calefactor portátil apenas si le entibiaba las manos. Pero pese a la falta de comodidades y a lo espartano del ambiente, ella se sentía animada y sobre todo con deseos de ponerle más ahínco a la serie de pinturas que había empezado; angostas y desoladas callecitas en  misteriosas perspectivas, solitarios cafés o melancólicos parquecitos de antaño, con sinuosos arbolitos. Pero había una pintura que la atraía especialmente. Recordaba haber hecho el boceto a la apurada una mañana que seguía al vecino y luego lo habían guardado distraídamente en el fondo de la cartera, mientras trataba de no perder de vista al hombrecito.
Pero finalmente al llegar a la Gare du Nord (Estación del Norte), el vecino se le había perdido entre el gentío. Si no hubiera perdido esos preciosos minutos dibujando lo habría  alcanzado –Pensó – mientras lo buscaba desesperadamente entre la gente. Tampoco sabía si había abordado algún tren o quizás solo la había llevado hasta allí para despistarla. Nunca lo sabría, pero lo que sí sabía era que su distracción le había costado caro y se había pasado el resto del día refunfuñando.
Pero ahora que veía el esbozo plasmado en el lienzo, se alegraba de haber hecho el apunte. Con sus colores pastosos y ese misterioso muro carcomido por el tiempo, era la viva imagen de la desolación; pero también le parecía tan real que hasta sentía el aire mañanero golpeándole las mejillas y sus piernas balanceándose para cruzar la pista. Cuando se acercó más a la única puertecita que había, le extrañó encontrarla abierta, como invitándola a pasar. Recordaba haberla visto siempre cerrada. Y de pronto una idea descabellada, le cruzó por la cabeza; quizás el vecino estaba por allí dando vueltas; así que sin pensarlo dos veces, entró y se encontró en un oscuro pasillo. Olía a humedad y sentía en sus pies el trajinar de las ratas, lo que la hizo estremecer y apurar el paso. Cuando llegó al final se encontró en un patio ruinoso y completamente vacío. No veía un alma por ninguna parte, así que decidió salir de allí:, pero cuando quiso volver al pasillo, alguien se le interpuso y con una voz gangosa la interpeló -¿Por qué me sigues?- Asustada por tal aparición, la mujer corrió desesperadamente entre los trastes viejos, sintiendo los pasos del hombre casi pisándole los talones. En una de esas, escuchó un fuerte impacto y al voltear alcanzó a ver al hombre tirado en el suelo, con los pies atrapados en una maraña de cables.
Al día siguiente ella se levantó temprano y se ubicó en el cafecito de enfrente, su sitio estratégico para vigilar las entradas y salidas del vecino. Pero las horas pasaron y él no se apareció. Agotada y malhumorada regresó a su casa y se sentó en una silla bebiendo su acostumbrada taza de café, cuando distraídamente miró la pintura del muro con la puertecita y se fijó que curiosamente esta seguía abierta y en el fondo del pasillo llegó a distinguir al vecino atrapado entre los cables y mirándola fijamente…

ilustración: Maurice Utrillo

lunes, 23 de junio de 2014

La Torre de Babel



No recordaba cuando me había mudado a aquella lejana y extraña ciudad, más  parecida a una enorme y desordenada torre de babel que a una moderna urbe...A veces entre la maraña de días y sucesos,  venía a mí la imagen el casi apacible y civilizado lugar en que solía vivir; pero al instante, el traqueteo de una excavadora o los gritos de alguien me volvían a la realidad…Fue por esos días de nostalgias que empezaron los asesinatos. Primero fue la viejecita del octavo piso; que amaneció asfixiada por un escape de gas…Un accidente dijeron, ya era muy anciana y descuidada…Luego siguió el dueño de la panadería de la esquina. Lo encontraron quemado junto a su enorme horno de pan...Un desafortunado descuido dijeron...Total el muy tacaño debía de haber contratado más `personal, en lugar de querer hacerlo todo solo dijeron los investigadores… Y finalmente vino lo de la hija del conserje, quien apareció ahogada en su propia tina...Otro desafortunado accidente sentenciaron los policías…Pero a estas alturas del panorama yo ya no pensaba lo mismo...Alguien estaba dando vueltas por el barrio y asesinando gente. Pero ¿por qué? me preguntaba...Entonces vinieron las respuestas a mi mente, como un rayo  luz entre tanta oscuridad...Veamos- pensé-  la viejecita del octavo, era una reconocida activista en contra de la deshumanización de la ciudad..El panadero, se negaba a vender su propiedad a una constructora que quería levantar un enorme mol en esa esquina…Y la hija del conserje, había hecho múltiples  denuncias a las constructoras por daños en las casas de algunos vecinos…Entonces llegué a la conclusión de que todos tenían un denominador común; su rechazo a la torre de babel..En ese punto me sentí algo aliviada, egoístamente, lo confieso, por no tener nada que ver con este asunto…Pero un momento, estoy haciendo conclusiones apresuradas,- pensé- recordando que hacía algunos años había participado en una exposición a favor de restaurar y conservar los viejos inmuebles históricos. Y aquella pintura, ya casi olvidada por mí,  aún se exhibía en la municipalidad…Fue así como a la mañana siguiente me apersoné en las oficinas de la municipalidad, con la intención de recuperar mi pintura. Pero luego de pasar por innumerables ventanillas y recabar toda la información necesaria, me di cuenta que la recuperación de mi obra me llevaría años...Así que sin pensarlo dos veces, decidí saltarme la burocracia y poner fin a esta incertidumbre…Esa misma tarde me encontre subiendo los escalones de la galería de la susodicha municipalidad y mientras daba vueltas entre cuadros y esculturas espere la hora de cierre. Cuando el momento llegó, me escondí entre dos gruesas columnas y esperé a que los guardias hicieran la primera ronda de vigilancia…Apoyada en esas frías columnas de mármol, el tiempo se me hizo siglos y un frío sudor corría por mi frente y cuando ya estaba a punto de desfallecer, los guardias finalmente apagaron todas las luces y se fueron parloteando alegremente…Entonces, sigilosa salí de mi escondite y me dirigí hacia el lugar donde estaba colgado mi cuadro, y ya estaba a un paso de llevar a cabo mi objetivo, cuando de pronto una poderosa luz hirió mis ojos y una metálica voz me interpeló -Tu eres la próxima víctima- …El alma se me fue del cuerpo y poco faltó para que cayera desmayada, pero haciendo acopio de lo último de fuerzas que me quedaba, levanté el baldecito de pintura blanca  que llevaba conmigo y lo eché encima de la obra, borrando así cualquier vestigio de mi `participación en aquel  litigio…Inmediatamente la luz se apagó y el silencio se entronó en el recinto…Con el alma aún en vilo esperé pacientemente en mi escondite a que amaneciera..
Al día siguiente leí en el periódico que un vándalo había entrado en la galería y destruido una obra de arte…Lo curioso es que no se acordaban quien era el autor de la obra, ni de que trataba la obra …
Ilustracion: Bruhegel

sábado, 5 de abril de 2014

El cocinero....




En la casa de la abuelita había un cocinero…Se llamaba Santos y de joven había pertenecido a la Marina...Era un tipo enorme y lleno de historias fascinantes. Historias que le gustaba contarnos mientras aderezaba sus potajes...Así entre guiso y guiso, nosotros viajábamos con él por interminables mares de corales,  visitábamos islas paradisiacas de hermosisimas mujeres o lejanos países de hielos eternos y extraños personajes…Una mañana Santos no vino a cocinar ni a contarnos historias...Todos en casa se preocuparon por él  y empezaron a buscarlo por todas partes… Recorrieron las playas, los arrecifes, el mercado y preguntaron en todos los bazares conocidos y hasta en las casas de los amigos…Pero nada…Santos se había hecho humo y nadie había vuelto a verlo desde la tarde anterior, en que según algunos vecinos, lo vieron discutir con un tipo diminuto y de acento extranjero...Los días pasaron y vino una mujer gorda y malhumorada a reemplazar a Santos y lo primero que hizo fue espantarnos de la cocina; a lo que nosotros accedimos de muy mala gana y dispuestos a hacerle la vida imposible…Así a veces ella encontraba un pequeño ratón en su sopa o algunas moscas en sus salsas. lo que ella atribuía a la falta de higiene del lugar y nosotros reíamos a sus espaldas. Pero en el fondo de nuestros corazones extrañábamos a Santos. Así fué que una noche nos reunimos secretamente en la playa  y decidimos salir a buscar a nuestro amigo. Para eso tomamos prestado el pequeño velero del tío Clemente, que total ya casi no lo usaba y no notaría su falta; pero la ausencia que sí notarían en la mañana sería la de nosotros. Pero bueno, estábamos dispuestos a correr el riesgo y aceptar el castigo que viniera. Así que sin pensarlo más nos hicimos a la mar y navegamos toda la noche sorteando todos los peligros y llevando a buen puerto el velero, a pesar del mar encrespadísimo..Así con los primeros rayos de sol llegamos a la pequeña isla, frente a nuestras playas, en la cual pensamos que debía estar Santos; ya que él, nos había contado mil historias sobre este lugar; antigua cárcel de los más fieros criminales y ahora refugio de parias y desaparecidos. Asi fue que muertos de miedo recorrimos gran parte del islote, pero solo encontramos desolación y viejos vestigios de la antigua prisión pero ni un alma viviente, sólo los enormes pájaros marinos que rondaban a cada rato sobre nuestras cabezas como amenazándonos por haber invadido su territorio...Cansados y hambrientos, nos dispusimos a compartir los pocos víveres que habíamos traído, para luego descansar un  poco y emprender el regreso a casa..Pero estábamos tan agotados que cuando volvimos a  abrir los ojos ya era otra vez la noche y ya la luna brillaba de nuevo, silenciosa en medio de la oscuridad...A pesar de estar aterrorizados decidimos mantener la calma y organizarnos para pasar esa noche lo mejor posible..Primero debíamos buscar algunos maderos para calentarnos un poco, así que lo echamos a la suerte y los primos Manuel y Rosita fueron por la madera, mientras Lucas y yo buscábamos un lugar seguro para dormir…Así  mi primo y yo fuimos dando vueltas, alumbrados sólo por una débil linterna y haciendo malabares para no resbalar en las piedras mojadas, cuando por azar topamos con la entrada a una cueva…Un rato después juntos de nuevo los cuatro, nos dispusimos a explorar la misteriosa cueva...Dentro la oscuridad era casi total, así que con gran esfuerzo y poca luz logramos recorrer una especie de túnel, que para sorpresa de nosotros  terminaba en un amplio e iluminado recinto...Pero más sorpresa fue aún descubrir a Santos sirviendo sopa de un enorme caldero a unos hombrecitos diminutos…Decidimos esperar a que todos se durmieran para acercarnos a él..,Luego de una interminable espera, vimos que todos los hombrecitos se eschaban cansados en sus hamacas. Entonces sigilosamente nos acercamos a Santos y le hablamos al oído..El sorprendidísimo nos llevó hasta la salida de la cueva... ¿Pero niños, qué están haciendo acá?.Nos dijo medio enfadado..Le explicamos que habíamos venido a buscarlo...Tú nos hablaste tanto de esta isla le dijimos...Entonces él nos confesó que esos enanos lo habían capturado hacía mucho tiempo, para que les sirviera de cocinero...Lo que pasa es que logré escapar y tuve la suerte de encontrar la casa de la abuela..Pero ya ven, otra vez me encontraron...Pero ven con nosotros, tenemos el velero del tío Clemente...No saben cuánto me gustaría irme con Uds. niños pero estos enanos tienen mi alma y seguro que esta vez la tiene muy bien escondida... ¿Cómo podría vivir sin mi alma? Terminó de decirnos el cocinero con lágrimas en los ojos...Así fue, como tristemente nos despedimos de nuestro amigo el cocinero y al amanecer nos hicimos a la mar, pensando que ya no lo veríamos más y pensando también en el terrible castigo que nos esperaba en casa..

ilustración : Will Rafuse

jueves, 6 de marzo de 2014

El Escritor

Richard estaba convencido de que la novela que estaba escribiendo lo sacaría de la pobreza...Por eso se puso a investigar con tanto ahínco los misteriosos asesinatos ocurridos en una pequeña ciudad del oeste, unos años atrás...Asesinatos que nunca fueron resueltos y que serían la base de su novela...Fue por esta razón, que decidió buscar a su amigo Michel ..Juntos habían acudido a la misma facultad de periodismo, pero su amigo había sabido canalizar muy bien su carrera, mientras él había perdido su tiempo entre el juego y las juergas..Ahora, ahogado en tanta miseria y deudas quería recuperar el tiempo perdido y dedicarse de nuevo a escribir..Para su buena suerte se había topado por azar, con una historia fascinante y el intrépido reportero había vuelto a renacer en él.. Así fue que esa tarde Richard se encontró con su amigo Michel en el bar de un céntrico hotel y mientras tomaban unos tragos, discutieron largamente sobre la trama de la novela. Michel, convencidísimo del posible éxito de la novela de su amigo, lo alentó a continuar -Está bien Richard, tú escribe y yo te ayudo con la publicación. Le dijo, mientras apuraba el último sorbo de su vaso y se despedía de él...
Sentada cerca de ellos, una hermosa mujer fumaba un cigarrillo pensativa; y mientras sus dedos jugaban con una copita de licor, su mente divagaba entre su vida de soltera independiente y la presión de su novio por casarse..Preocupada como estaba, se distrajo por unos segundos con la conversación de los dos hombres de al lado.. Conversación que de pronto, empezó a captar toda su atención ..Cuando a la salida, Richard se tropezó por casualidad con la atractiva mujer de larga cabellera castaña y elástica figura, sintió que su suerte había cambiado, y más aún cuando ella le comentó que sin querer había escuchado su conversación y que casualmente ella trabajaba en una editorial...-Ah, por cierto me llamo Clarence-..Le dijo ella y agregó ¿Qué te parece si nos encontramos en la noche para tomar algo y charlar sobre tu novela? . Así quedaron en encontrarse más tarde...El restaurant en que Clarence lo había citado estaba bastante alejado de la ciudad, pero él entusiasmado con la entrevista y pensando que quizás había encontrado a la persona idónea para publicarle su libro; no le molestó mucho conducir su auto hasta las afueras de la ciudad...Cuando llegó al lugar, ella ya estaba esperándolo sentada en una discreta mesita y con un monísimo turbante negro cubriendole su hermosa melena... Es que me gusta cambiar el look le dijo, mientras encendía un cigarrillo coquetísima Luego de ordenar algo de comer Richard sacó su computadora portátil, que dicho sea de paso era el único bien que tenía, y sonriendo y le mostró a su nueva amiga, toda la exhaustiva investigación que había hecho sobre los asesinatos, y que sería la trama de su novela...La velada pasó rápido y ya avanzada la noche salieron juntos..Clarence le prometió conversarlo bien con su jefe y luego darle una llamadita, y subiendo  a su auto se despidió de él. Los días siguientes pasaron lentos y Richard no tuvo noticias de aquella bella desconocida ni de su amigo Michel...Aquello lo desesperaba y sintió de nuevo el terrible peso de su fracaso y mil conjeturas le vinieron a la cabeza..Entonces se enfrascó de nuevo en su trabajo y así olvidó todo por unos momentos.
.Fue por esos días que se enteró que su amigo Michel había salido de viaje, y sintió que se había quedado de nuevo solo, con sus proyectos y miserias...Los días siguieron pasando sin pena ni gloria y cuando ya creía que nadie lo sacaría de aquella encrucijada, recibió un mensaje de Clarence, diciéndole que su  jefe parecía muy interesado en su novela y quiría conversar con él nuevamengte..El estusiasmado la llamó inmediatamente por teléfono y ella le dijo .¿Qué te parece si voy a tu casa esta noche? El aceptó encantado y esperó ansioso la hora en que se suponía debía venir su invitada... Pero recién a la medianoche, cuando Richard ya se disponía a dormir, llegó ella, radiante y vestida con un sencillo impermeable negro y un sombrerito de ala ancha que le tapaba casi media cara. Con una sonrisa pícara le explicó que tuvo un percance bastante fastidioso y diciendo esto encendió un cigarrillo y se acomodó como una gatita remolona en un viejo sofá..El le mostró de nuevo todas sus notas y apuntes de los misteriosos sucesos, mientras ella lo observaba con una mirada enigmática...El sin prestarle mucha atención, se explayó hablando de su libro y los extraños asesinatos sin resolver...Sin embargo Clarence también podía ser una compañía muy amena cuando se lo proponía y dejando de lado su aire misterioso, empezó a amenizar la conversación y de un tema pasaron a otro, y entre charlas y risas se les antojó beber algo...Él sirvió dos copas, y ella quiso su bebida bien fría .. Entonces él se ausentó unos momentos para buscar hielo. A su regreso brindaron por el próximo éxito de la obra...Cuando de pronto, Richard sintió que el licor se le atascaba en la garganta y que la habitación le daba vueltas. Las fuerzas lo abandonaron y se agarró como pudo de una silla... Sintió el frío de la muerte en su garganta y esperando lo peor, atinó a balbucear. ¿Por qué?.. ¡Por meter las narices donde no debes idiota! Escuchó antes de caer de bruces en el piso...
Cuando Michel regresó de su viaje se dio con la triste noticia de la muerte de su amigo. Quiso saber más de su trágica desaparición, pero la policía le aseguró que era un simple caso de suicidio ¿Qué otra cosa podía ser?..Si era un fracasado y además el pobre diablo estaba endeudado hasta el cuello...Y cuando Michel les pidió algo de sus pertenencias, quizás los archivos de su computadora; le dijeron que no habían encontrado gran cosa en la computadora, solo la nota de suicidio y algunas tonterías más... ¿Archivos de una novela? ¿Notas de una investigación?.. No nada de eso... ¡Es un claro caso de suicidio!.. Sentenciaron los policías, antes de dar por terminada la entrevista...
Y así fue como aquel proyecto de novela de Richard quedó en el olvido. Así como también sus investigaciones sobre los misteriosos asesinatos..
Por una nota en los periódicos se supo que Clarence finalmente se había casado y emigrando a una lejana ciudad de la costa con su flamante esposo..

Ilustración: Franz Jansen.

martes, 11 de febrero de 2014

La persecusión

La noche llegaba lentamente y las sombras de los árboles empezaban a alargarse interminables en la colina... Era la hora del cambio de luz. La hora en que los fantasmas empiezan a salir de todos los rincones para instalarse entre la piel y los pensamientos. Pero aquel que me perseguía no era un fantasma, era un espíritu maligno y obcecado; pero yo ya conocía sus artimañas, es más podía leer sus pensamientos en el viento y en el aire que respiraba, Si bien lo tenía pisándome los talones, en realidad iba un paso adelante, porque sabía lo que él quería hacer. Sacudí la cabeza, no era momento para pensar debía ganar terreno y llegar a m i destino. Di un tirón a las bridas e hincando las espuelas en los flancos del caballo me apresuré a llegar cuanto antes. A través de la espesura de los árboles podía oír los ruidos habituales del bosque; el aleteo de las aves al emprender el vuelo hacia sus nidos, el rozar del viento con las hojas, el suave caminar de algún animal furtivo. Pero de pronto un ruido peculiar llamó mi atención, no venía de ninguna parte, ni parecía relacionado con la naturaleza; era un golpe seco y frío, como el caer de algo pesado...Nerviosa, subí por la escarpada ladera de la colina buscando alguna respuesta pero no encontré nada raro a mi paso y ya estaba por desechar tales conjeturas, cuando algo brillante llamó mi atención. Era una pequeña esfera de cristal tirada entre la mullida alfombra de hojas, a la sombra de un pequeño y retorcido arbolito. Un objeto peculiar que despedía luces de mil colores. Bajé del caballo y con una mezcla de curiosidad y temor la tomé entre mis manos; entonces una especie de calorcito recorrió mi cuerpo llenando mi espíritu de sensaciones nuevas e inesperadas. En ese instante supe que era la señal que estaba esperando. Sin perder tiempo guardé aquella esfera en mis alforjas y monté de nuevo a caballo apurando el paso. Al salir de aquel bosque enmarañado, me encontré trotando por la ancha y empolvada carretera. La oscuridad ya cubría todo el campo, que imaginé lleno de lodo y abandono. Debía buscar un refugio para pasar la noche. Llegué casi a tientas al abrigo de unos añejos árboles e improvisé un refugio con ramas y hojas caídas y me dormí. Desperté en la madrugada bañada en sudor, presintiendo su cercanía y la de sus secuaces. Volví a ponerme en camino y cabalgué casi todo el día sin parar. Una fina llovizna caía y volvía más difícil mi andar. Con los músculos entumecidos y los dedos casi paralizados, por fin esa la tarde llegué a la playa.. Avancé por la arena y sentí las olas del mar chocar con los cascos del caballo. Respiré hondo y empecé a disfrutar el aire salado que entraba a borbotones en mis pulmones.. Mientras corría a todo galope pensé en lo asombroso que me parecía todo ahora que estaba cerca del fin. Bajé del caballo y saqué la esfera de cristal de mis alforjas y acercándome al mar, la puse con cuidado entre las olas que suavemente bañaban la arena. La esfera se meció durante un rato en el agua, sin dar muestras de nada peculiar y cuando ya empezaba a creer que me había equivocado, un estrépito me botó al piso y de las espumosas olas empezó a surgir un poderoso barco que me llevó lejos de aquellas costas. Que me llevó lejos de él para siempre.

Ilustración: Stanislav Plutenko

viernes, 7 de febrero de 2014

Pelusita

La encontró una tarde lluviosa, acurrucada y asustada en medio de la gente. Sin pensarlo mucho la tomó entre sus brazos y la llevó a casa. Al llegar la secó como pudo y recién delante de un tazón de leche la vio abrir sus ojitos agradecida y confiada. La gatita luego de acariciarla durante un rato con su graciosa cola se trepó en la chimenea y se durmió tranquilamente. Fue allí donde la encontró Gerardo, cuando a las siete llegó del trabajo, cansado y malhumorado. ¿Pero qué hace este animal encima de la chimenea Rosa? Gritó. ¿Rosa, Me escuchas? Bueno la encontré en la calle y me dio pena...Respondió ella ¿Pena?.. Pena deben darte mis pobres pantalones que empezaran a lucir llenos de pelos y qué dirán en la oficina?. No, ni hablar.. Deshazte de este bicho, mañana mismo! Sentenció Gerardo antes de ir a tomarse una ducha. Rosita sin decir nada más, cogió a la gatita y se la llevó al cuarto de los trastes y allí la instaló en una cajita de cartón. Mira pelusita, cuando llegue Gerardo te vienes para acá y asunto terminado. Le dijo. Así fue como Pelusita se quedó en la casa con Rosita, a quien seguía a todas partes. Por su parte Rosita estaba contenta de tener tan amena compañía y hasta cuando se iba de compras, la gatita la esperaba en el tapete de la entrada. Pero eso sí, debía pasar y repasar la ropa de su marido para que él no encontrara ni un solo pelo de gato y aspirar varias veces los sillones donde él iba a sentarse. En la noche cuando él llegaba pelusita corría a su cajita de cartón y no se aparecía en toda la noche. Pasaron las semanas y no volvieron a hablar de la gatita, pero Gerardo, aunque no tenía queja de la pulcritud de su ropa ni de la limpieza de la casa, sabía que la gatita seguía allí y esa idea lo contrariaba. Le molestaba saber que su mujer no le hiciera caso y peor aún que estuviera tan encariñada con ese animalito...Un domingo en que Rosita había salido a comprar víveres, Gerardo empezó a buscar por todas partes el escondite de la gatita, hasta que por fin la encontró acurrucada en su cajita. Ah ya te descubrí! Dijo frotándose las manos antes de agarrarla y llevarla hasta la puerta de salida. La llevó dos calles abajo y allí la dejó. Y no vuelvas más ! Le dijo espantándola...Desde ese día Rosita no volvió a encontrar a la gatita y por más que la llamó y la buscó por todas partes, ella no apareció. Los días empezaron a parecerle tristes y silenciosos, ya que extrañaba la alegría y compañía de Pelusita. Una semana después vino el vecino con la mala noticia de que había encontrado en su patio colindante el cuerpo de su gatita.- Parece que quiso subirse a la cornisa de la ventana para entrar por allí, pero la teja estaba suelta y se cayó. La mala suerte fue que cayó en la reja y bueno al menos creo que murió al instante. -Terminó de decir el vecino entregándole el cuerpo sin vida de su Pelusita. Cuando Gerardo volvió a casa encontró una nota de su mujer que le anunciaba que había ido a pasar unos días en la granja de sus padres, por causa de un entierro. El adivinando de que entierro se trataba, pues el vecino le había contado la historia; decidió esperar con paciencia la vuelta de su mujer. Pero los días pasaban lentos, sobre todo las noches y él sentía la ausencia de Rosita. La había llamado varias veces pero ella le contestaba triste diciéndole que le hacían falta unos días más. Una noche que llegó más tarde y más cansado que de costumbre se quedó dormido en el sillón de la sala. Ya casi a la madrugada lo despertaron unos maullidos de gato. Fastidiado se levantó para cerrar la puerta del balconcito cuando sus ojos se toparon con los de Pelusita. -Gata endemoniada todavía andas fastidiándome! - Gritó mientras trataba de atraparla, pero por casualidad se le cruzó en su camino un juguete de la gatita, tropezó con el y se fue de bruces por el balcón. Al día siguiente lo encontraron muerto encima de la reja. Parece que estaba medio dormido, resbaló y cayó por el balcón..- Le dijeron a Rosita.
Poco tiempo después Rosita se mudó a la granja de sus padres en el campo, donde poco a poco olvidó sus tristezas...

ilustración Lilian Zampol

jueves, 9 de enero de 2014

Obsesión

No nos veíamos desde niños, pero aquel verano llegó llena de maletas y entusiasmo...La miré sorprendido. Aquella niña de largas trenzas y piernas flacuchas se había convertido en una verdadera belleza, de largas y torneadas piernas y un busto de ensueño. Ella era una verdadera delicia para los sentidos. Me la quedé mirando con la boca abierta mientras mi corazón latía furiosamente y un escalofrío sacudía mis más íntimos deseos. Desde ese día ya no tuve ni paz ni calma. En las mañanas, cuando tomábamos el desayuno en la galería junto a mis padres, yo me mostraba obsequioso con ella y le pasaba el pan y la mermelada, siempre tratando de rozar su piel con la mía. Durante nuestros paseos por el campo yo le insinuaba tímidamente mi amor, mientras ella reía y caminaba moviendo sensualmente sus caderas, sin prestarrme mucha atención. Pero las noches, eran una verdadera tortura para mí, cuando a través del tabique de la puerta, la sentía respirar en su cama. Entonces inmóvil entre las sábanas, sin atreverme a nada, la imaginaba lejana como una diosa, sumida en sus sueños, emanando perfumes que me hacían adivinar paraísos prohibidos, entonces sentía que el cuerpo me dolía, que la piel me ardía, que me volvía loco de tanto desearla. Así pasaron los días y empecé a sentirme enfermo, ya casi no comía, ni dormía y buscaba cualquier pretexto para estar a su lado. Ella ignoraba mi devoción y coqueteaba con cuanto pantalón se cruzara en su camino, avivando así el caldero de mis celos. A veces, sin poder evitarlo, yo la espiaba mientras ella se desnudaba frente al espejo; entonces en el paroxismo del placer calmaba un poco mi desdicha...Pero una noche, cuando ya yo me había sumido en el más terrible de los infiernos, sentí una melodiosa voz acariciando mi nombre, llamándome cual hechizo de sirena. Entonces, como en un sueño me paré y me dirigí al cuarto de mi prima y traspasando al fin, el límite que me separaba de la felicidad, me senté junto a mi amada y vi como sus almendrados ojos me miraban sin pestañar, como sus jugosos labios repetían mi nombre; emocionado alargué mis manos para tocarla y de pronto, como por arte de magia, sentí que las maderas del piso se levantaban, que mis pies se hundían en el vacío y que aquellos tablones me tragaban cual arenas movedizas...Mientras caía supe que para mí, ya no había más paraíso que aquel abismo frío oscuro y profundo que me esperaba.
Al día siguiente todos se asombraron de la desaparición de Julito y aunque lo buscaron durante mucho tiempo, nunca pudieron desentrañar el misterio de su desaparición. A los pocos días la prima regresó a la universidad y nunca más volvió a visitar a los tíos.

ilustración Edvard Munch